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Una depresión se puede prevenir hasta cierto punto adoptando determinadas conductas positivas. Así, puede elogiarse, por ejemplo, por pequeños éxitos y apreciarlos, así como animarse y planificar actividades positivas. Además, los razonamientos positivos actúan contra una enfermedad depresiva. Es especialmente en fases vitales difíciles, en las que es mayor el riesgo de depresiones, cuando dichos comportamientos son realmente importantes.

No obstante, no existe una garantía total de que no se vaya a desarrollar una depresión. A veces, las depresiones no son fáciles de identificar. Para muchas personas es importante diferenciar si su estado es una respuesta normal a circunstancias críticas de la vida o si tiene depresión. Si su estado es más bien depresivo y estos síntomas perduran, a pesar de una mejora de su situación vital, necesitará ayuda profesional. Cuanto más tarde se inicie el tratamiento de la depresión, peores serán las oportunidades de curación porque con el tiempo se consolidan los modelos mentales negativos y, como consecuencia del progresivo aislamiento, experimentará cada vez menos sucesos positivos.

En una depresión es importante que el tratamiento dure al menos el tiempo necesario hasta que se haya estabilizado y el peligro de recidiva haya disminuido. Para ello, es muy útil seguir aplicando las conductas aprendidas durante la terapia y observar continuamente el propio estado de ánimo y de salud, con ayuda de un diario, por ejemplo. Ante los primeros signos de advertencia de una depresión recurrente, se podrá contraatacar rápidamente acudiendo a un profesional o aplicando las estrategias que se aprendieron durante la terapia.

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