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Con frecuencia, el trastorno límite de la personalidad presenta un curso crónico. Además de la inestabilidad permanente en diversos ámbitos, muchas personas afectadas por este trastorno pierden completamente el control de sus emociones en determinadas fases. La evolución depende en gran medida de la aplicación de un tratamiento adecuado. Al caracterizarse este trastorno por diversas dificultades en las relaciones interpersonales y las conductas autodestructivas, el tratamiento suele resultar complejo, por ejemplo, debido a que los afectados cambian con frecuencia de terapeuta.

Las conductas típicas del trastorno límite de la personalidad se manifiestan habitualmente en la infancia y la adolescencia. Sin embargo, el diagnóstico no debe efectuarse hasta los 14 años, ya que hasta ese momento la personalidad está aún evolucionando. A medida que aumenta la edad, suele disminuir la intensidad del trastorno, de modo que muchos adultos afectados son más estables tanto a nivel personal como laboral.

Hasta la fecha no se conocen medidas genéricas que ayuden a prevenir el trastorno límite de la personalidad. Contar de forma temprana con información sobre el TLP puede contribuir a que los afectados busquen antes un tratamiento adecuado que se adapte a sus necesidades.

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